Las instituciones del Estado encargadas de llevar a cabo la dignificación (asistencia, distribución y atribución de nuevas viviendas, distribución de indemnizaciones) presentaron múltiples fallas y limitaciones. Pero esta constatación, que pudiera ser generalizable a las instituciones que se ocupan de las políticas sociales venezolanas, no explica por sí sola la razón y la manera de la transformación repentina de los «dignificados» en «indignos» a los ojos del Estado. La adquisición y pérdida del estatuto de víctima de una catástrofe es en efecto un proceso paradójico. La condición de víctima es frágil de por sí, en la medida en que se pierde fácilmente cuando la sociedad asume que la indemnización de la pérdida ha sido consumada, así la víctima no lo considere como tal. Con el paso del tiempo, toda víctima exige más que la compasión y les demanda a la sociedad y a las instituciones ser tomada en cuenta como un ciudadano, es decir, como un sujeto que tiene derecho a pedir cuentas a las instituciones del Estado.

La clave para entender la gama de relaciones institucionales que se entretejieron a partir del sufrimiento de las víctimas de la Tragedia se encuentra, a mi parecer, en los avatares de la ejecución de los programas de dignificación, en las relaciones de poder que se establecieron entre funcionarios y asistidos, en los problemas identitarios que surgieron cuando las instituciones preconizaron una sola y única manera de «rehacer su vida». Dicha preconización sentó las bases de las maneras de actuar de los damnificados, es decir, del human agency o del «agenciar», retomando el concepto clásico de Anthony Giddens (2005 [1984]). Según el sociólogo inglés, las maneras de actuar y la estructura social existen en una relación reflexiva: los actores reproducen ciertamente la estructura social (tradiciones, instituciones y códigos morales) pero la estructura cambia cuando los actores la ignoran, la esquivan, se desvían de ella e incluso la interpretan de una manera diferente. Para Giddens, el agenciar concierne el vínculo entre la acción y el poder, es decir, designa la capacidad que tenemos de actuar de manera diferente, de intervenir en el universo o de abstenerse de hacerlo para influenciar el curso de un proceso concreto.

En las líneas siguientes propongo dar cuenta de cómo los damnificados agenciaron la estructura moral que las instituciones impusieron a sus destinos. Este agenciar generó importantes tensiones que se cristalizan en la experiencia de las víctimas de la asistencia y puso en juego las concepciones del cuerpo físico-biológico, del sufrimiento y de la cultura imperantes en la Venezuela contemporánea.

Fisuras morales en la representación del damnificado ¿Cómo se vivía cotidianamente en los refugios la tensión moral inconciliable que generaba la sospecha entre el «damnificado aprovechador» y «los que sufren de verdad»? Empezaré con una escena recogida en el dispensario del Fuerte Tiuna: Eran alrededor de las nueve de la mañana en el dispensario del batallón Briceño Méndez de Fuerte Tiuna. La doctora, médico generalista y pediatra, y dos enfermeras acababan de llegar y de saludarse. Yo había ocupado mi puesto a un lado del escritorio de la doctora y me disponía a entrevistarla. Había tenido la oportunidad de observar la consulta en días anteriores pero no de conversar con ella con detenimiento. A los pocos minutos llegó una paciente que se puso a contar con premura lo que le había sucedido la noche anterior. Decía que había tenido una subida de tensión, que había tenido un gran dolor de cabeza, vómitos y mareos.

La doctora la escuchaba sin prestarle mayor atención. Finalmente la paciente le pidió a la doctora que le hiciera un permiso de trabajo. Se veía que era una visitante asidua del ambulatorio. Yo había arrimado un poco mi silla para dejar mayor espacio para la consulta. Una de las enfermeras me miraba buscando complicidad y subía las cejas, sin que la paciente se diera cuenta, insinuándome que ésta mentía o exageraba. Finalmente la doctora la miró a los ojos y le dijo «sabes que el último permiso la229