Quiero mostrar mi gratitud a los hombres, mujeres y niños, damnificados de la Tragedia, que me recibieron en los refugios, que me brindaron su tiempo para contarme sus vidas de manera generosa y franca. Sin su buena disposición, la realización de este trabajo no habría sido posible. Vayan también mis agradecimientos sinceros a los funcionarios de las instituciones Fondo Único Social (FUS), Fundación Escuela de Gerencia Social (FEGS), Ministerio de Salud y Desarrollo Social y Dirección de Desarrollo Social de la gobernación del estado Vargas, así como también a los oficiales del Ejército que respondieron a mis preguntas en el Fuerte Tiuna, en Caracas, y en el Fuerte Guaicaipuro, en Charallave, estado Miranda.
Los miembros de la organización no gubernamental Cofavic y del Grupo de Rescate Humboldt compartieron conmigo sus recuerdos de aquellos momentos críticos vividos en Venezuela en diciembre de 1999 y enero de 2000. Agradezco también la generosidad del diputado Pedro Castillo, quien me hizo compartir su compromiso sincero con los damnificados del estado Vargas. La generosidad y el profesionalismo de Freddy Estévez y Enrique Martín Cuervo fueron muy valiosos para el análisis de lo que está en juego en una emergencia.
En el «mundo académico», donde se gestó este trabajo, mi gratitud se dirige en primer lugar a Didier Fassin, mi tutor, quien me brindó su confianza y compartió conmigo sin reparos su reflexión intelectual y espíritu crítico. Los comentarios de Mariella Pandolfi y de Claudio Lomnitz enriquecieron de manera sustancial el análisis. Lorena Poblete, Carolina Kobelinski y Karine Vanthuyne me brindaron valiosos comentarios en lecturas previas de este trabajo.
Tengo una gran deuda intelectual con mis amigos venezolanos Alejandro Reig, Antonio López Ortega y Rafael Sánchez. Todas las fallas que presente este análisis son, por supuesto, mi completa responsabilidad.
Ami hermana Desirée le agradezco su inmenso apoyo. Y a mis padres, Eduardo y Myrna, por ser siempre incondicionales.